
En la República Dominicana seguimos cometiendo un error grave, repetido y peligrosamente normalizado: creer que la alfabetización de nuestros niños es responsabilidad exclusiva del maestro. No lo es. Y mientras sigamos descargando esa responsabilidad en un solo actor, seguiremos condenando generaciones enteras al rezago educativo.
La alfabetización —aprender a leer, escribir y comprender— no es un lujo del sistema educativo, es su base. Es el punto de partida de todo desarrollo humano, social y económico. Sin embargo, cuando un niño llega a tercero o cuarto de primaria sin comprender lo que lee, lo que realmente ha fallado no es el estudiante… ha fallado el sistema completo.
El principal responsable, sin rodeos, es el Estado, representado por el Ministerio de Educación de la República Dominicana. No como figura simbólica, sino como garante constitucional del derecho a la educación, respaldado por la Ley General de Educación 66-97. Es el Estado quien diseña políticas, quien forma docentes, quien supervisa escuelas y quien debe asegurar que cada niño, sin excepción, aprenda a leer en el tiempo adecuado.
Pero el Estado no alfabetiza solo. En el aula, el rostro visible de esa responsabilidad es el docente. Es quien traduce el currículo en aprendizaje real, quien detecta dificultades, quien insiste, quien corrige y quien acompaña. Sin embargo, también hay que decirlo con claridad: no se le puede exigir resultados extraordinarios a un maestro que trabaja en condiciones ordinarias o precarias.
Y aquí entra el tercer actor, muchas veces olvidado: la familia. Un niño que crece en un hogar sin estímulo lector, sin seguimiento y sin acompañamiento, llega a la escuela con desventaja. La alfabetización comienza mucho antes del aula, comienza en la conversación, en los cuentos, en el ejemplo.
Entonces, ¿de quién es la culpa cuando un niño no aprende a leer?
De todos… pero principalmente del Estado, que es quien tiene el poder, los recursos y la obligación legal de garantizar que ese proceso ocurra con calidad.
Lo más preocupante no es el problema, es la costumbre. Nos hemos acostumbrado a ver niños que no comprenden lo que leen como si fuera parte normal del sistema. Y no lo es. Es una señal de alerta nacional.
Porque un niño que no aprende a leer a tiempo, es un ciudadano que tendrá limitaciones para aprender, para trabajar, para participar y hasta para defender sus derechos.
La alfabetización no es un tema pedagógico solamente.
Es un tema de justicia social.
“Un país que no alfabetiza bien a sus niños en primaria, no está educando… está improvisando su futuro.”
El autor: José Antoni Fernández Puello Educador | Periodista | Deportista
Formación. Verdad. Comunidad.
Impacto desde las aulas, los medios y la cancha.


